10 curiosidades sobre Cristóbal Colón

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón desembarcó en las playas de una isla de las Bahamas, desplegó el estandarte real español y reclamó el territorio para los reyes Católicos. Aunque Colón creyó que estaba en Asia, en realidad había llegado al “Nuevo Mundo”. Veamos 10 curiosidades sobre el famoso almirante.
1. Colón no tenía la intención de demostrar que la tierra era redonda.
Colón no tenía ninguna necesidad de desacreditar a los que creían que la Tierra era plana, de eso ya se habían encargado los antiguos griegos. En el siglo VI a.C. Pitágoras dedujo que el mundo era redondo y dos siglos más tarde Aristóteles lo respaldó con sus observaciones astronómicas. En 1492, la gente más instruida sabía que el planeta no era plano.
2. Colón no fue el primer europeo en cruzar el Atlántico.
Ese honor lo tienen los vikingos de Leif Eriksson, que llegaron a la actual Terranova alrededor del año 1000, casi cinco siglos antes de que Colón iniciase sus viajes. Algunos historiadores afirman incluso que San Brendan de Irlanda u otros pueblos celtas cruzaron el Atlántico antes que Eriksson. Los EE.UU conmemoran el ‘día de Colón’, aunque éste no puso un pie en la parte continental de Norteamérica.
3. Tres países se negaron a respaldar el viaje de Colón.
Durante casi una década Colón presionó a las monarquías europeas para que le financiasen su búsqueda de una ruta hacia Asia occidental. Portugal, Inglaterra y Francia siempre se negaron. Los expertos decían al navegante que sus cálculos estaban equivocados y que el viaje llevaría mucho más tiempo de lo que él pensaba. Los asesores de los Reyes Católicos plantearon inquietudes similares y no andaban desencaminados. Colón subestimó la circunferencia de la Tierra y el tamaño de los océanos. Por suerte para él, se topó con el continente desconocido.
4. La Niña y la Pinta no eran los nombres reales de dos de los tres barcos de Colón.
En la España del siglo XV los barcos se bautizaban tradicionalmente con nombres de santos. Después los marineros se encargaban de ponerles apodos menos sagrados. Así, “la Pinta” realmente significaba “la pintada”, y la Santa Clara fue apodada “la Niña” en honor a su patrón, llamado Juan Niño. La Santa María fue apodada “la Gallega”, por haberse construido en Galicia.
5. La Santa María naufragó el histórico viaje de Colón.
En la Nochebuena de 1492 la Santa María encalló en un arrecife de coral en la costa norte de La Española. La tripulación pasó la noche intentando salvar el cargamento del barco. Colón regresó a España a bordo de la Niña, dejando atrás a 40 miembros de su tripulación para que pusieran en marcha el primer asentamiento europeo en aquellas tierras. Cuando Colón regresó a la colonia en otoño de 1493 ninguno de los tripulantes fue hallado con vida.
6. Colón hizo cuatro viajes al Nuevo Mundo.
Aunque es más conocido por su histórica expedición de 1492, Colón regresó a América más de tres veces en la década siguiente. Sus viajes lo llevaron a las islas del Caribe, América del Sur y América Central.
7. Colón regresó a España encadenado en 1500.
El gobierno de Colón en La Española parece que fue brutal y tiránico. A los isleños nativos que no reunían suficiente oro se les cortaban las manos y los colonos rebeldes españoles eran ejecutados en la horca. Los colonos se quejaron a la monarquía sobre la mala gestión del almirante, y un comisionado real enviado a La Española ordenó su detención y lo trajo a España encadenado. Aunque Colón fue despojado de su cargo de gobernador, el rey Fernando no sólo lo deja en libertad, sino que le financia un cuarto viaje.
8. Un eclipse lunar puede haber salvado Colón.
En febrero de 1504 un desesperado Colón quedó varado en Jamaica. Abandonado por su tripulación, los isleños se negaban a darle comida. Sabiendo por su almanaque que un eclipse lunar iba a tener lugar el 29 de ese mismo mes, el almirante advirtió a los isleños que su dios estaba enojado con ellos por no proporcionarle alimentos, y que la luna “se levantaría inflamada de ira”. La noche del eclipse la luna se oscureció y adquirió un tono rojizo, y los isleños aterrorizados se pusieron a disposición de Colón y le suplicaron que abogara por la misericordia divina.
9. Después de muerto, Colón siguió cruzando el Atlántico.
Después de su muerte en 1506, Colón fue enterrado en Valladolid, España, y luego su cadáver se trasladó a Sevilla. A petición de su nuera, los cuerpos de Colón y su hijo Diego fueron enviados a través del Atlántico a la Española y enterrados en la catedral de Santo Domingo.
10. Los herederos de Colón y la monarquía española estuvieron en litigio hasta 1790.
Después de la muerte de Colón, sus herederos libraron una larga batalla legal con la corona española, alegando que la monarquía no había abonado el dinero y las ganancias debidas al explorador. La mayoría de los pleitos colombinos fueron resueltos en 1536, pero el proceso judicial se prolongó hasta casi 300 años después del famoso viaje de Colón.

Pasajes de la historia: Hernán Cortés

Pasaje de la Historia sobre Hernán Cortés y la Conquista de México del programa la Rosa de los Vientos narrado por Juan Antonio Cebrían.

Adelantándose a que le cesase Diego Velázquez, la armada de Cortés partió precipitadamente del puerto de Santiago de Cuba el 18 de noviembre de 1518. Como iba escasa de bastimentos, tuvo que aprovisionarse de estos en el puerto de Trinidad y otros lugares.

Finalmente, el 10 de febrero de 1519, la flota abandonó las costas de Cuba. Consistía aquella armada en 11 naves, con 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 indios y negros como auxiliares de tropa. Llevaban 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes. Por capitanes iban Alonso Hernández Portocarrero (al que entregaría más tarde la india doña Marina), Alonso Dávila, Diego de Ordás, Francisco de Montejo, Francisco de Morla, Francisco de Saucedo, Juan de Escalante, Juan Velázquez de León (pariente del gobernador), Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y Pedro de Alvarado. Muchos de estos eran veteranos de la guerra de Italia. Por piloto principal iba Antón de Alaminos con experiencia en las dos expediciones anteriores de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva.

El testamento incumplido de Isabel la Católica

Isabel la Católica
El 26 de noviembre de 1504 fallecía en Medina del Campo Isabel la Católica. Hacía meses que circulaban rumores sobre la mala salud de la reina. Pedro Mártir de Anglería, erudito italiano que enseñaba latín y otras disciplinas en la corte, escribía en una carta pocas semanas antes: “Todo su cuerpo está dominado por una calentura que la consume, rehúsa toda clase de alimentos, sufre una sed que la devora y la enfermedad parece que va a terminar en hidropesía”.
A los 53 años, la salud de la reina estaba muy quebrantada. A las fatigas que había afrontado desde su juventud se añadían grandes disgustos de índole familiar. En 1497 vio morir a su único hijo varón, el príncipe Juan. Al año siguiente moría la mayor de sus hijas, Isabel, casada con Manuel I de Portugal. El hijo de esta pareja, el príncipe Miguel, que había sido jurado heredero de las coronas de Castilla, Aragón y Portugal, también falleció cuando contaba tan sólo dos años de edad. También desasosegaban a la reina los problemas con su hija Juana, llamada a la sucesión tras la muerte de sus hermanos.
Poco antes de morir, la reina era consciente de que su final se acercaba y decidió otorgar testamento. En él se estipulaba que la heredera de castilla sería su hija Juana, pero el reino lo gobernaría a título de regente su esposo, Fernando el Católico. Isabel no indicaba abiertamente que su hija tuviera problemas de cordura, pero contemplaba la posibilidad de que no estuviera en condiciones de reinar. El párrafo en el que designa como regente a Fernando es revelador:
“Cuando la dicha princesa, mi hija, no estuviere en estos dichos mis reinos, o […] en algún tiempo haya de ir y estar fuera de ellos, o estando en ellos no quisiere, o no pudiera entender en la gobernación de ellos, que […] el Rey mi señor rija, administre y gobierne […] hasta en tanto que el infante don Carlos, mi nieto, hijo primogénito heredero de los dichos príncipe y princesa, sea de edad legítima […] para regir y gobernar”
Tras la muerte de la reina, pronto surgieron conflictos familiares y tensiones entre el regente y algunos nobles castellanos. Fue un tiempo presidido por la incertidumbre política que culminaría, ya en el reinado de Carlos I, en la conocida como Guerra de las Comunidades, una sublevación de Castilla contra el nuevo monarca.
Juana I de Castilla
En cumplimiento del testamento de la reina, y al estar Juana ausente por encontrarse en Flandes con su esposo Felipe, Fernando el Católico asumió la regencia de Castilla.
Cuando llegó a Flandes la noticia de la muerte de la reina y se conoció el contenido del testamento, Juana y Felipe no lo aceptaron. Felipe reclamaba su derecho a reinar, aunque sólo podía hacerlo en condición de consorte de Juana. La pareja contaba con el apoyo de una importante parte de la nobleza del reino.
El primer incumplimiento del testamento tuvo lugar poco después. El 24 de noviembre de 1505 se firmaba la Concordia de Salamanca, un acuerdo entre el Católico y su yerno, según el cual Felipe asumiría el papel de rey junto a su esposa, pero Fernando continuaría como gobernador de Castilla.
Juana y Felipe llegaron a Castilla en la primavera de 1506. Desembarcaron en Coruña, donde fueron recibidos con alegría por sus partidarios. Era el momento que habían estado esperando para desplazar a Fernando. Felipe quería que abandonase el gobierno de Castilla y se retirase a su reino de Aragón. Por otro lado Felipe, que sólo era rey consorte, buscaba inhabilitar a su esposa. Afirmaba que Juana había dado muestras de inestabilidad mental. Los arrebatos pasionales de Juana dejaban paso a accesos de cólera incontrolados que evidenciaban ciertos desequilibrios. Pero la hija de los Reyes Católicos ofrecía pruebas de sensatez y madurez que permitían refutar que estuviera loca. Su esposo no consiguió inhabilitarla y encerrarla, al negarse las Cortes a incapacitarla como reina.
Una vez en Castilla, Juana y Felipe plantaron cara a Fernando convirtiendo en papel mojado la cláusula del testamento de Isabel. A finales de Junio, Fernando y su yerno firmaron la Concordia de Villafáfila, y el 12 de julio Juana y Felipe eran jurados como reyes de Castilla por las Cortes. Por las mismas fechas Fernando cruzaba la frontera de Aragón con Germana de Foix, su nueva esposa.
En el transcurso de un viaje a Nápoles, Fernando recibió la noticia de la muerte de su yerno Felipe. Oficialmente había muerto a consecuencia de unas calenturas sobrevenidas después de beber agua helada, pero corrió el rumor de que fue víctima de un envenenamiento, y de que detrás de su muerte estaba la mano de su suegro. Ante Fernando se abría ahora la perspectiva de asumir de nuevo la regencia de Castilla, que provisionalmente desempeñaba el cardenal Cisneros.

 

Fernando el Católico
El rey regresó de Nápoles y se encaminó hacia Burgos. Antes de llegar tuvo un encuentro con su hija Juana, que llevaba un año recorriendo la meseta sin separarse del féretro de su esposo. Su pasión y su cólera se habían convertido en “locura de amor”. Su padre decidió entonces recluirla en Tordesillas.
Durante su segunda regencia entre 1507 y 1515, Fernando ajustó cuentas con algunos nobles que habían apoyado a su yerno Felipe. Durante esos años el rey logró domeñar a la levantisca nobleza castellana. Privó a ésta de parte de su peso político, pero no pudo reducir su poder económico ni su influencia social.
En los últimos años de la regencia se evidenció la senectud del rey, cada vez más decrépito, sobreviniéndole la muerte el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo. Asumió de nuevo la regencia el cardenal Cisneros en nombre del príncipe Carlos, que tanto para castellanos como para aragoneses era un desconocido, porque nunca había pisado la península ibérica.